El bloqueo mental y otras pesadillas de escritores.

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Quizá te encuentres con alguno de estos 5 problemas cuando te enfrentas al papel en blanco, para ello vamos a ver cómo afrontarlos y superar el famoso bloqueo del escritor.

Nadie dijo que escribir fuera fácil. ¡Admítelo! Seguro que, cuando comenzaste a escribir, pensabas que tendrías muchos momentos de inspiración y que eso de desarrollar ideas era pan comido. Porque tener una gran idea es lo mismo que saber desarrollarla, ¿verdad? ¿No? ¿Cómo es posible? ¿Qué te impide hacerlo?

Cómo superar el bloqueo del escritor con estos 5 sencillos consejos

No sabes cómo empezar a escribir tu libro.

Ya tienes la idea principal que va a dar sentido a tu obra. Te sientes inspirado y… ¿qué haces? Comenzar por el principio, por el capítulo 1. Es lo lógico, ¿verdad? Pero… ¿ y si no se te ocurre ninguna idea para escribir ese inicio?

Hay momentos en que te sientes más inspirado para escribir otras partes de tu libro —por ejemplo, el clímax, si es una novela— por mil motivos: porque el comienzo no te motiva, porque sientes que tienes poca imaginación para acometerlo…

Aprovecha esos ratos en los que crees que puedes desarrollar mejor esas otras partes. Pocos autores escriben de forma lineal; así que no serías el único.

Ya tendrás ocasión de ordenar tus ideas para poder conducir al lector de una a otra.

Si lo que quieres escribir es una novela, te recomiendo que tengas en la cabeza, de forma muy clara, como si fuera una película, tu historia. Visualízala con todo detalle. Imagina cada escena. Mira la cara y las particularidades de los personajes; puede que estén inspirados en gente que ya conoces. O quizás tengan una parte real y otra inventada. En cualquier caso descripciones tendrás que tener un léxico amplio y preciso. Eso si quieres que el receptor imagine al personaje de forma parecida a como tú lo fabricaste en tu mapa mental.

En las novelas, esto es curioso: sueles imaginar tu historia, pero luego el peso emotivo y la idiosincrasia de los personajes no “casan” del todo con la idea original, y el final es totalmente opuesto a lo que imaginaste. Es algo hermoso porque tu historia ha cobrado vida. Tú sólo has sido el hilo transmisor entre tu historia y los lectores.

Procrastinando en vez de escribir.

Te pones delante del ordenador. Abres el Word y tus dedos se quedan paralizados. Tu mente empieza a divagar y tú entras un momento a ver si tienes algún mensaje en Twitter. Enciendes un pitillo, cotilleas en facebook, jugueteas con el gato, contestas tus emails y ha pasado una hora y no has escrito nada de nada. «¡Uff! Ahora no tengo ganas de ponerme a teclear. Ya encontraré otro momento, cuando esté más animado. Para mañana», piensas… Al día siguiente, empiezas el mismo ritual y se vuelve a producir el mismo bloqueo.

Esto es procrastinar: dejar de lado una tarea «para cuando llegue el momento». Pero… ¿qué momento? En muchas ocasiones, ese «momento» ideal para crear es un estado mental.

Para no perder el hábito de escribir, vale la pena que dejes reposar tu novela y te dediques a otro tipo de género. Escribe algo que no tenga nada que ver con tu anterior libro: un poema, un artículo, un diario, posts para tu blog… Esto te despejará y oxigenará tus ideas sin que pierdas tus facultades creativas. Ya tendrás tiempo de volver a esa obra que has dejado a medias y verla desde otra perspectiva.

Escribe tu historia, sin autocrítica.

No pienses en si gustará o no, por lo menos no durante el proceso de elaboración. Disfruta del tiempo de elaboración. Siéntete libre y quítate el lastre de las críticas que crees que obtendrás en el futuro y equivócate. No pasa nada.

Yo, ante esto, te aconsejo que seas lo más natural posible SIEMPRE.

Ya verás qué sensación más satisfactoria después.

Escribir un libro puede llevarte años, así que es necesario que te armes de paciencia.

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Dudas hasta de cómo te llamas.

Lo sé: las dudas te reconcomen, sobre todo de cara a los últimos capítulos. «Seguro que me he dejado algo en el tintero». «He atado todas las tramas y subtramas». «El final que tenía pensado es bueno; es el que quería, pero… ¿y si, mejor, lo dejo abierto? Igual así impacta más y me resulta más fácil escribir una secuela».

Lo quieras o no, siempre vas a escuchar a la voz de tu conciencia, la más dura de todos los críticos, que te atormentará con mil preguntas. Sé consciente de que siempre vas a tener dudas. ¡Acéptalo! Pero eso es parte del proceso.

Dudar no es malo. Indica que tienes capacidad crítica y que no te conformas con los primeros borradores. Eso sí, si te excedes con las dudas y empiezas a retocar y a corregir con obsesión, corres el riesgo de que algunos pasajes pierdan naturalidad y se vean demasiado forzados. ¡No te pases de vueltas! A veces, la idea original es la correcta y la que mejor se sostiene.  Mi consejo es que te lances. Que escribas a lo bruto. Con faltas de ortografía si hace falta, ya las revisarás luego. Ideas sueltas. Que tus dedos no paren. Que todos esos conceptos sean cazados al vuelo y recogidos en el papel. Repito. Ya revisarás luego. Pero revisa y corrige.

Tienes prisa por terminar tu obra.

Es justo lo opuesto a procrastinar. Suele haber una razón para ello: tienes tantas ganas de ver publicada tu obra que cada vez te vuelves menos escrupuloso con tu trabajo. Empiezas a dejar de revisar los errores de sintaxis y las faltas de ortografía que has cometido antes, mientras escribías a lo loco. Eres consciente de que lo estás haciendo mal, pero no quieres perder el tiempo. «Llevo muchísimos meses (o años) dándole vueltas a esta novela. Ya no aguanto más. ¡Quiero verla publicada y que la gente la empiece a comprar. La dejo así… y ya me la corregirán en la editorial, que para eso cobran».

Amigo escritor, graba a fuego estas palabras en tu mente: un guiñapo corregido no deja de ser un guiñapo. La falta de cuidado repercute en tu carrera como escritor y en la editorial que tenga el cuajo de recoger esa obra plagada de fallos que podías haber evitado, pero que decidiste obviar por las prisas, por la dejadez…

Evita ponerte ansioso y revisa. «Es que no me da tiempo, lo quiero presentar a un concurso y el plazo de entrega acaba pronto». Si lo presentas pronto pero mal, sea donde sea, un concurso, una editorial ni lo van a leer.

En síntesis para superar el bloque del escritor debes:

  1. No es necesario escribir de forma lineal a la primera.
  2. Diversifica tu creatividad literaria.
  3. No te obsesiones con la autocrítica
  4. Dudar es provechoso hasta cierto punto.
  5. Busca el equilibrio: ni prisas ni procrastinación.

PD: Si eres escritor y estás bloqueado, los siguientes pasos te ayudarán a superar el bloqueo, aunque no es un método infalible. Ver todos los pasos.

El bloqueo mental y otras pesadillas de escritores.



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