Cómo desarrollar personajes. El arco de transformación

A menudo tendemos a clasificar personajes y argumento como dos cosas totalmente distintas, sin tener en cuenta que el desarrollo del argumento recae principalmente en la evolución de los personajes. ¿No te has dado cuenta de
que, en narrativa, una cosa no puede existir sin la otra? El desarrollo del argumento corre en paralelo al desarrollo de los personajes, y estos no resultarán creíbles si no hay una evolución, una transformación.

Por eso te vamos a explicar qué es el arco de transformación de los personajes.

Como supondrás, los protagonistas de tu novela difícilmente serán seres estáticos y carentes de capacidad reflexiva. Lo natural es que vayan evolucionando conforme les vayamos imponiendo desafíos. Este proceso evolutivo, que cambia su forma de pensar y de actuar, se llama arco de transformación.

Para que lo veas aún más fácil, te hemos puesto algunos arcos de transformación bastante «manoseados» en narrativa:

Actitud al comienzo y Actitud al final

Modelo A
Personaje sin conocimientos, sencillo,
idealista, incapaz de matar a una mosca
Transformación
Personaje experimentado, sabe cómo interactuar
en sociedad, escéptico
Modelo B
Ordenado, cabal, coherente, recto
Transformación
Pícaro, despreocupado, loco, desquiciado
Modelo C
Soltero/a, juerguista, no piensa en la
estabilidad emocional
Transformación
Casado, “centrado”, ha encontrado la
estabilidad emocional
Modelo D
Atado por responsabilidades, quiere hacer
algo grande con su vida
Transformación
Libre de ataduras sociales o psicológicas,
ha realizado su sueño
Modelo E
Gamberro, indomable, agresivo, no piensa en sus vícitmas
Transformación
Humilde, arrepentido, busca el perdón de
sus víctimas, la redención…

Por supuesto, estas transformaciones se pueden dar a la inversa.

Ahora te proponemos un ejercicio mental: piensa en protagonistas de novela que encajarían en estos tipos de transformación. Por poner un ejemplo, Gulliver estaría dentro del grupo B: es un doctor, un hombre de ciencia, que, a medida que va conociendo los más variopintos países y culturas, acaba por perder la fe en la especie humana y, prácticamente, enloqueciendo.

Estos estereotipos tienen un rasgo en común: en un determinado momento de la historia sufren un cambio de creencias. No tiene por qué darse de golpe, naturalmente, pero siempre hay un detonante: una decepción, traumas, cambios en sus vidas (laborales, emocionales…), influencias de modelos a seguir (como Guillermo de Baskerville
para el joven Adso de Melk en El nombre de la rosa).

En algunos casos, la transformación del personaje está basada en una búsqueda de la autorrealización. ¿Acaso no nos sucede eso a nosotros mismos? Si el personaje no crece, si no tiene un motivo por el que luchar, no hay progresión en la novela. Esto sucede mucho en las obras de Charles Dickens; por ejemplo, por citar dos de sus obras más conocidas, ¿no dirías que en Oliver Twist hay una progresión, una búsqueda de la autorrealización, por parte del protagonista, desde que comienza siendo pobre chico de la calle hasta que la suerte le va sonriendo poco a poco y empieza a salir de la miseria? ¿Y qué ocurre con el avaro Mr. Scrooge, de Cuento de Navidad? ¿Acaso no hay una transformación clarísima del viejo tacaño provocada por la visita de los tres conocidos fantasmas?

Podríamos poner mucho más ejemplos. Hay millones y todos acabarían encajando en una categoría u otra.

¿Y qué puedo hacer para desarrollar un arco de transformación para los protagonistas de mi novela? Enfrentarlos a conflictos narrativos será una buena opción; por ejemplo, un recurso muy explotado en la ficción es hacerlos dudar entre lo que necesitan y lo que realmente quieren.

Para que el arco de transformación surta efecto, deberás dejar claras las características de tus personajes desde el momento en que aparezcan. Para ello, es importantísimo que tengas en cuenta cómo influye el pasado de los
personajes
y el tiempo y el escenario donde se encuentran al comienzo de la narración. Para que te hagas una idea, imagina el paso por la cárcel, por primera vez, de un personaje. Pasa muchísimos años allí. ¿Dirías que, al salir, su mente no habrá cambiado? ¿Lo encontrará todo igual? Y aunque así fuera, ¿seguiría teniendo la misma perspectiva del mundo que le rodea, una vez fuera, al otro lado de los muros? ¿Se sentirá socialmente rechazado (sentimiento que no tendría antes de su estancia en prisión)?

¿Os he hechizado? Era una pregunta retórica…Y un último consejo: si planeas escribir una saga de novelas, es mejor que no te precipites en la transformación. Si tus protagonistas ya han sufrido una transformación a
todos los niveles al final del primer libro, que van a hacer en las secuelas. ¿Se volverán planos?

Para evitar esto, algunos autores de sagas juegan a hundir a los protagonistas en los infiernos y a realzarlos continuamente, como en una montaña rusa  (a no ser que seas George R. R. Martin, que, cuando se cansa de repartir más penas que glorias en Juego de tronos, mata a sus personajes «inesperadamente»).

 

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Cómo desarrollar personajes. El arco de transformación
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