4 problemas típicos de escritores. ¡Soluciónalos!

Con la cabeza hecha un lío me hallo, señores

Nadie
dijo que escribir fuera fácil. ¡Admítelo! Seguro que, cuando empezaste a
escribir, pensabas que tendrías muchos momentos de inspiración y que eso de
desarrollar ideas era pan comido. Porque tener una gran idea es lo mismo que
saber desarrollarla, ¿verdad? ¿No? ¿Cómo es posible? ¿Qué te impide hacerlo?
Quizá sea alguno de estos 4 problemas que encuentras al escribir.

1-      ¿Cómo empiezo?

Ya
tienes la idea argumental. Te sientes inspirado y… ¿qué haces? Comenzar por el
principio, por el capítulo I. Es lo lógico, ¿verdad? Pues no. Hay momentos en
que te sientes más inspirado para escribir otras partes de tu libro —por
ejemplo, el clímax— por mil motivos: porque el comienzo no te motiva, porque
sientes que tienes poca imaginación para acometerlo… Aprovecha esos ratos en
que crees que puedes desarrollar mejor esas otras partes. Pocos autores
escriben de forma lineal; así que no serías el único.

2-      Procrastinar

Ya
estás metido en harina. Ahora es cuando toca consolidar bien la trama y no
dejar ningún cabo suelto. Llevas un buen ritmo narrativo, encuentras el vocabulario
preciso y todo fluye. ¡Qué bien!… hasta que te quedas en blanco. «Bueno, por
ahora, lo dejo. Ya lo retomaré más tarde», te dices. Pero pasa el tiempo, te
haces el remolón y ya no vuelves a sentarte.

¿Y qué
haces? Esperas el momento justo para escribir, porque llevas una vida muy
ajetreada. Nunca paras. A todos nos pasa, por supuesto. ¿Pero qué ocurre cuando,
por fin, tienes un ratito libre? «¡Uff! Ahora no tengo ganas de ponerme a
teclear. Ya encontraré otro momento, cuando esté más animado». Esto es
procrastinar: dejar de lado una tarea «para cuando llegue el momento».
Pero… ¿qué
momento? En muchas ocasiones, ese «momento» ideal para crear es un estado mental.

Para no
perder el hábito de escribir, vale la pena que dejes reposar tu novela y te
dediques a otro tipo de género. Escribe algo que no tenga nada que ver con tu
anterior libro: un poema, un artículo, un diario, posts para tu blog… Esto te
despejará y oxigenará tus ideas sin que pierdas tus facultades creativas. Ya tendrás
tiempo de volver a tu novela y verla desde otra perspectiva.

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3-      Las dudas

Lo
sabemos: las dudas te reconcomen, sobre todo de cara al final. «Seguro que me
he dejado algo en el tintero». «He atado todas las tramas y subtramas». «El
final que tenía pensado es bueno; es el que quería, pero… ¿y si, mejor, lo dejo
abierto? Igual así impacta más y me resulta más fácil escribir una secuela».

Lo
quieras o no, siempre vas a escuchar a la voz de tu conciencia, la más dura de
todos los críticos, que te atormentará con mil preguntas. Se consciente de que
siempre vas a tener dudas. ¡Acéptalo! Pero eso es parte del proceso.

Dudar
no es malo. Indica que tienes capacidad crítica y que no te conformas con los
primeros borradores. Eso sí, si te excedes con las dudas y empiezas a retocar y
a corregir con obsesión, corres el riesgo de que algunos pasajes pierdan
naturalidad y se vean demasiado forzados. ¡No te pases de vueltas! A veces, la idea
original es la correcta y la que demuestra más solidez.   

4-      Las prisas

Es
justo lo opuesto a procrastinar. Suele haber una razón para ello: tienes tantas ganas
de ver publicada tu obra que cada vez te vuelves menos escrupuloso con tu
trabajo. Empiezas a dejar caer faltas de ortografía, cometes errores de
sintaxis… Eres consciente de que lo estás haciendo mal, pero no quieres perder el
tiempo. «Llevo muchísimos meses (o años) dándole vueltas a esta novela. Ya no
aguanto más. ¡Quiero verla publicada y que la gente la empiece a comprar. La
dejo así… y ya me la corregirán en la editorial, que para eso cobran». Amigo escritor,
graba a fuego estas palabras en tu mente: un guiñapo corregido no deja de ser
un guiñapo. La falta de cuidado repercute en tu carrera como escritor y en la
editorial que se digne a recoger esa obra plagada de fallos que podías haber
evitado, pero que decidiste obviar por las prisas.

 En síntesis, busca
el equilibrio:

· ni prisas ni procrastinación

· dudar es provechoso hasta cierto punto

Parece obvio, ¿verdad? En teoría, lo es. Ahora solo
falta llevar estos consejos a la práctica.

Por:  @NLutefisk
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